En el verano de 2013 nos dio el punto de recorrer las Rías Altas en coche. Armados con Google Maps y un Ibiza de 65 caballos, descubrimos una de las zonas de costa más bonitas y vírgenes de España. ¿Te lo contamos?

Playa y puerto de Morás
Playa y puerto de Morás

Un poco de logística para empezar:

  • ¿Dónde? Las Rías Altas se encuentran en Galicia y, en teoría, abarcan toda la costa desde Ribadeo hasta Finisterre. No obstante, se suele llamar Costa de la Muerte al tramo desde A Coruña hasta Finisterre, mientras que las Rías Altas propiamente dichas van de Ribadeo a A Coruña. Por distintos motivos que luego os cuento, nuestra ruta fue de Oviedo a Cedeira y así, de paso, nos tomamos unas sidrinas y un cachopazo en la capital asturiana y vimos Cudillero y Tapia de Casariego.
  • ¿Cuándo? En verano o en verano o, si no, en verano. Y, aun así, es probable que llueva. Por lo visto, en las Rías Altas llueve. Y mucho. Digo “por lo visto” porque a nosotros sólo nos llovió dos días: el primero y el último. El resto de la semana hizo tan bueno que hasta nos bañamos en la playa. Es posible que al comienzo del otoño o al final de la primavera también pilléis buen tiempo, pero bastante más fresco, y, sinceramente, son playas para disfrutar.
  • ¿Cómo? La mejor opción es ir en coche, porque puedes acceder a los rincones más perdidos (que son muchos y muy bonitos). De todas formas, Renfe cubre la zona con un ferrocarril de vía estrecha que tiene un recorrido muy chulo (más info aquí).
  • ¿Cuánto? Depende de los días que tengas y de lo que quieras ver. Nosotros estuvimos una semana y nos dejamos cosas, aunque es cierto que, al hacer bueno, aprovechamos la playa. También hay quien ve lo básico en un par de días. En cuanto a la economía, no es un destino caro en absoluto: se come increíble a buen precio y los hoteles, en general, son baratos.
  • ¿Quién? Si te gustan la naturaleza, los paisajes de costa y los pueblitos marineros, vas a disfrutar. Eso sí, no esperes turismo y alboroto, es un destino muy tranquilo. A nosotros nos pareció, con perdón, bastante romanticón… y yo diría que es ideal para ir con niños, porque los pueblos son pequeños y familiares. Además, las playas son seguras, ya que la mayoría están en el interior de las rías.

Vamos con la ruta (pincha en los mapas para ampliarlos):

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Nosotros (bueno, en realidad, yo: mi novio no es mucho de organizar) la organizamos en siete noches: dos en Oviedo, dos en Foz, y tres en Porto de Espasante. Más abajo os cuento dónde nos quedamos (y, sobre todo, dónde comimos).

  • Día 1: Empleamos la mañana en llegar a Oviedo y por la tarde salimos a dar una vueltina por el centro. Como ya conocíamos la ciudad, nos limitamos a pasear por las calles que más nos gustan del casco antiguo. Y es que Oviedo, con sus casitas de colores, sus calles… parece casi “de cuento”. Una ciudad súper recomendable si no la conocéis. A pesar de que justo esa tarde llovió, unas sidrinas en la Plaza del Fontán y un cachopo en La Más Barata nos permitieron empezar con buen pie: definitivamente, ¡estábamos de vacaciones!
  • Día 2: Hoy ya sí que sí empezábamos con el turisteo, íbamos a visitar Cudillero,Cudillero1un pueblo de la costa asturiana del que habíamos oído hablar maravillas. En 40 minutillos nos plantamos allí y, tras aparcar en la parte de arriba del pueblo, empezamos a bajar al puerto. Cudillero es chulo, con todas las casitas de colores formando un anfiteatro de varias alturas asomado al mar, aunque a nosotros nos gustó menos que Lastres, un pueblo asturiano similar que habíamos visto un par de años antes. También es cierto que el día estaba muy nublado, había más gente que en la guerra y comimos fatal. En fin, habrá que volver para darle otra oportunidad, Cudillero3a ser posible, con menos gente y mejor comida. Tan nublado estaba que después de comer empezó a caer agua a cántaros y nos quedamos con las ganas de visitar la Playa del Silencio. Mis fotos de este día dejan mucho que desear (cosas de los móviles baratuchos), así que os pongo un par de la página de turismo de Asturias.
  • Día 3: Tocaba dejar Asturias y entrar en Galicia, pero no sin antes parar en Tapia de Casariego, un enclave marinero que resultó ser muy auténtico y agradable. Tras un paseo por el pueblo y un café en el puerto con vistas a las barquitas (acostumbraos a verlas por aquí, ya os aviso, porque, por alguna extraña razón, me encantan), pusimos rumbo a Ribadeo para ver el precioso faro de Illa Pancha.

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Habíamos visto que recomendaban acercarse a comer a Rinlo, un lugar conocido por el arroz con bogavante. Como somos de los que no hacen ascos a un buen arroz, teníamos mesa reservada en el restaurante Porto de Rinlo (importante lo de la reserva, 20130729_143027¡parece que lo de no hacerle ascos al arroz es bastante común!). Después de un paseíto por el pueblo, que resultó ser muy chulo, fuimos a comer y MADREDEDIOS! Brutal. Una de las mejores comidas del viaje. Desde entonces, ya han ido varios amigos a probarlo y todos coincidimos: para no perdérselo. Eso sí, necesitábamos una siesta, así que decidimos acercarnos ya al hotel que teníamos para las dos próximas noches, descansar y decidir luego el plan para la tarde. Somos unos viajeros bastante relajaos, qué le vamos a hacer…

Nos quedábamos en A Casa de Piego, cerca de Foz, y fue un acierto. Encantadores tanto el hotel como sus dueños, más abajo tenéis más info por si os interesa. Nos echamos tal siestón que se nos pasó la hora para ir la Playa de las Catedrales (hay que tener en cuenta la marea, porque sólo se puede visitar a ciertas horas del día. En 2013 no hacía falta, pero ahora hay que reservar si se va en ve290720132147rano). En fin, habría que dejarla para el día siguiente. Siguiendo los consejos del dueño del hotel, decidimos acercarnos a una bonita iglesia que había cerca y a Foz. Foz tiene un paseo y una playa bien chulas, así que pasamos la tarde bajando el arroz y cenamos de picnic en el hotel.

  • Día 4: Por fin íbamos a ver la Playa de las Catedrales. Pero la marea baja no era hasta primera hora de la tarde, por lo que decidimos aventurarnos en la costa al norte de Foz: iríamos a San Cibrao, luego a los acantilados de Morás y Portocelo, bajaríamos a comer a Burela, y por la tarde ya bajaríamos a la Playa de las Catedrales. ¡No era un mal plan! Queríamos ir también a Sargadelos para visitar la fábrica y recorrer el Paseo dos Namorados, pero no hubo tiempo… ya tenemos excusa para volver. Llegamos a San Cibrao con un día espectacular y nos encantó. Lo tiene todo: puerto, faro, un islote lleno de historias de naufragios, una playa larga llena de barquitas (EJEM, EJEM), 300720132166_1otra con los restos del Castelo Mariño (que en realidad era una fábrica de salazones… pero ya veis en la foto de la derecha por qué le han dado un nombre más literario: con un poquito de imaginación, el sitio da para mucho). Ver la arena tan blanca y el agua tan azul y ponernos el bañador fue todo uno, ¡había que disfrutar del primer día de playa! VAMOOOOOOOO.

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Una horita después nos pusimos en marcha hacia Morás y la mini-ría de Portocelo, nuestro primer contact300720132206_1o con los acantilados gallegos, ya que, si por algo se caracterizan las Rías Altas, es por lo escarpado de su costa, que, eso sí, luego también se relaja en playas calmas y blanquísimas. Cuando busqué información sobre el viaje, esta zona no solía aparecer, pero es definitivamente recomendable.
Burela, donde comimos, es un importante puerto pesquero y justo en la lonja está A Lonxa, el restaurante al que fuimos por recomendación de nuestro anfitrión. Impresionante, abajo os cuento más. Nosotros no tuvimos tiempo para más porque teníamos que visitar la Playa de las Catedrales, pero la playa A Marosa de Burela merece una paradita.

No hay mucho que añadir a todo lo que que ya se ha 300720132243_1dicho sobre la Playa de las Catedrales. Es una auténtica pasada y una visita imprescindible si se está en la zona. Eso sí, no es una playa para estar en la playa. No sé si me explico. No es precisamente un lugar tranquilo en el que tumbarse en una toalla. Pero, para eso, tenéis justo al lado varias playas más; de hecho, todo el litoral desde Rinlo hasta Foz está lleno de playas y de vistas preciosas.

Playa de las Catedrales
Playa de las Catedrales
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Praia dos Castros – justo al ladito de As Catedrais
  • Día 5: Dejamos con penica A Casa do Piego para dirigirnos al noroeste hasta llegar a Porto de Espasante, donde dormiríamos las tres últimas noches. La primera parada del 310720132253_1día fue Viveiro, la ciudad más grande de la zona, muy bonita, perfecta si queréis quedaros en un sitio con más ambiente. Viveiro tiene un casco antiguo lleno de palacetes y miradores blancos que bien merece un paseo, y una calle llena de bares que bien merece unas cañas. Nosotros hicimos las dos cosas y luego pusimos rumbo a O Barqueiro con la esperanza de encontrar una playa por el camino en la que darnos un baño y echarnos un ratito. Y vaya si la encontramos. Pasado O Vicedo, rodeada de pinares, apareció la preciosérrima playa de Arealonga. Nunca había visto arena tan blanca, aquello parecía el Caribe! El café de la tarde lo tomamos en Porto do Barqueiro, una especie de mini-Cudillero a la gallega, pero con bastante menos turismo. Como mi móvil era un poco lamentable, estas dos fotos están sacadas de páginas de turismo de Galicia: ¡Galicia calidade!

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Teníamos curiosidad por ver nuestro último alojamiento, así que decidimos dar por terminadas las visitas y llegar hasta Porto de Espasante. Decidimos quedarnos aquí porque encontramos un hotelito con buenas críticas y precio razonable, el Viento del Norte, pero, en realidad, no habíamos encontrado mucho sobre el pueblo y no sabíamos muy bien qué esperar. Resultó ser un sitio con un emplazamiento muy especial: el pueblo está en una especie de istmo con una playa a cada lado y en la pequeña península que lo remata hay una ermita con unas vistas preciosas de la ría.

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Además, resultó tener un ambientillo muy chulo, especialmente en el bar A Escondida. Ya esa noche vimos que a partir de las 8 la gente se reunía allí para tomar unos refrigerios, cervezas o copazos viendo la puesta de sol: lo que viene siendo un pueblo sabio.

  • Día 6: Empezamos el día yendo a los acantilados de Loiba, donde, dicen, se encuentra “el banco más bonito del mundo”. Esta zona de la costa es muy escarpada y la verdad es que los acantilados son realmente espectaculares. Eso sí, aseguraos de llevar un GPS que funcione bien, porque las indicaciones son cuando menos ambiguas. A nosotros nos tocó preguntar a un paisano cómo escapar de allí porque entramos en un bucle de caminos entretenido pero casi eterno…

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Porto de Bares fue la siguiente parada y una de las mayores sorpresas del viaje. Casi podríamos decir que fue el sitio que más nos gustó, quizá porque, de nuevo, hacía un día de postal y la playa se veía paradisíaca. 20130801_125555 - copiaO será que darse un baño en el pueblo más septentrional de España tiene su punto. O que comimos de escándalo. De hecho, la foto que encabeza el post está tomada allí, ¿no os parece un paraíso? 😉 Por supuesto, acercarse al cabo de Estaca de Bares es más que recomendable. Incluso aunque no es que se vea mucho más que agua y unas infraestructuras abandonadas afeen bastante la zona, es un sitio curioso con eso que algunos llaman una energía especial (oooOOOooommmhhh).

Pasamos el resto de la tarde en la playa de Porto de Espasante: la que da al interior de la ría es ancha y tranquila, perfecta si vais con niños. El día terminó con cervezas y conciertazo en A Escondida: lo que viene siendo un buen broche 😉

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  • Día 7: Nuestro último día en las Rías Altas amaneció nublado, así que decidimos recorrer el otro lado de la ría de Ortigueira hasta el cabo Ortegal y luego bajar por los acantilados de Herbeira hasta Cedeira. Aunque el cabo más conocido es Estaca de Bares por ser el más septentrional de España, para mí Ortegal le supera en espectacularidad, especialmente gracias a Os Tres Aguillóns, tres pequeños islotes rocosos que parecen haber sido desgajados del propio cabo. Según Galicia Máxica, ya en el siglo primero, Ptolomeo denominaba a estas rocas los tres blancos, quizás por la espuma del mar al batir contra ellas, o quizás por el guano acumulado por las colonias de araos, hoy extintas (pequeña pincelada cultureta, que no todo va a ser comer).

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Si bajamos desde Ortegal a Cedeira, lo haremos por la Serra da Capelada, donde se 20130802_135630encuentran los segundos acantilados más altos de Europa. El pico más alto es la Vixía Herbeira, a 620 metros sobre el nivel del mar. Imagino que con sol se verán mejor, pero nosotros los pillamos con niebla y lluvia fina, y les daba un aire muy chulo. El día empeoró y decidimos no acercarnos a Santo André de Teixido, uno de los santuarios más venerados de Galicia y donde, según el dicho,  vai de morto quen non foi de vivo, así que ya tenemos 20130802_143412otra excusa para volver… En Cedeira, un pueblo marinero atravesado por el río Condomiñas, volvió a salir el sol y disfrutamos de un paseo y unas tapitas. Nuestra última comida en Galicia… las íbamos a echar de menos!

No nos quedaba más que hacer las maletas y ver un último atardecer en Porto de Espasante. Y despedirnos, a ser posible, hasta la próxima.

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Dónde dormir:

  • Oviedo: esta vez nos quedamos en casa de unos familiares (¡gracias, Jose y Tere!), pero cuando estuvimos en 2011 nos alojamos en el Hotel Vetusta y nos gustó bastante. Es pequeñito, pero las habitaciones están renovadas (aunque los baños no) y la noche incluye el desayuno. A nosotros nos salió por un precio muy económico.
  • Foz: A Casa de Piego, hotelito rural súper 290720132145_1recomendable a cinco minutos en coche de Foz. Las habitaciones son muy monas y el desayuno casero cambia cada día. Además, el hotel dispone de cocina y salón para huéspedes, así como de mesitas en el jardín para poder montarte un picnic estupendo.
  • Porto de Espasante: Hotel rústico Viento del Norte, para quedarse a vivir! Las habitaciones son cómodas y acogedoras, muchas con bañera de hidromasaje, terraza y/o vistas al mar. Tienen desayuno buffet por 7€, pero si sois de desayunar más sencillo, por 3€ ofrecen desayuno continental: bebida caliente, tostadas de pan de hogaza y zumo de naranja. Además, la dueña y las chicas que trabajan allí son un encanto y os darán todos los consejos que necesitéis sobre la zona.

Dónde comer (y beber!): 

  • Oviedo: Arrocería La Más Barata, no es que sea un sitio muy gourmet, pero la relación calidad-precio está bastante bien, sobre todo teniendo en cuenta que está en pleno centro. Tienen desde pinchos y montaditos hasta arroces y platos de carne y pescado, y son bien majos. El cachopo está muy rico y es enorme, genial para compartir.
  • Rinlo: Porto de Rinlo, ya os he hablado de él, imprescindible su arroz con bogavante. Acordaos de llamar y reservar, porque en verano suele estar lleno. Ah, y no os emocionéis pidiendo entrantes porque el caldero que ponen es bien hermoso, hasta cuesta acabarlo!20130730_150812
  • Burela: A Lonxa, en el mismo puerto, muy bueno. Manteles de papel, gente de la zona y un pulpo con almejas de llorar de felicidad. También tienen menú del día a buen precio.
  • Viveiro: Mesón Imperial, en Pastor Díez, 66. Mucho ambiente, pinchos y menú del día muy barato, en la calle principal del casco antiguo.
  • Porto de Bares: A Muller Mariña, casi en la misma playa. 20130801_145521Junto con el arroz con bogavante, la mejor comida del viaje. Berberechos, chipirones, zamburiñas, raxo… nos pusimos tibios! Pedid a la camarera que os recomiende. Relación calidad-precio de 10.
  • Cedeira: Kilovatio, en la calle Mariñeiro. Muy bueno para picar unas raciones, el marrajo está espectacular.
  • Porto de Espasante: A Escondida, en el paseo marítimo. Cafés, cervezas, copas, conciertos y muy buen ambiente.

¿Y vosotros? ¿Habéis ido o pensáis ir a las Rías Altas? Contádnoslo en los comentarios!

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