Cuando apenas tenía 18 años, mi abuelo dejó su pueblo en la Alpujarra almeriense para marcharse a trabajar a un pueblito de Valencia. Nunca volvió, ni tampoco lo hicieron sus hijos. Pero nosotros decidimos poner fin a tantos años de injusto desconocimiento y aprovechar para descubrir también Cabo de Gata. Ya veis, cualquier excusa es buena para salir de casa 😉

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Isleta del Moro

Empecemos por los detalles prácticos:

  • ¿Dónde? Almería es la provincia más oriental de Andalucía y cuenta con una variedad brutal de ecosistemas: desde macizos montañosos de origen alpino en Sierra Nevada hasta costas de origen volcánico en Cabo de Gata. Sin olvidar, claro, el Desierto de Tabernas, el único del continente europeo. Como queríamos ir primero a la Alpujarra almeriense y veníamos de Extremadura, nuestra ruta tenía que llegar hasta Guadix para luego atravesar el espectacular puerto de la Ragua, a más de 2000 metros de altitud. Después, bajamos hasta el Parque Natural de Cabo de Gata, que abarca toda la costa almeriense desde, más o menos, Las Amoladeras hasta la Playa de los Muertos, poco antes de Carboneras.
  • ¿Cuándo? Cualquier momento del año es bueno para visitar Cabo de Gata, uno de los lugares con temperaturas más cálidas de la península y, de hecho, el punto donde menos llueve. Eso sí, en invierno, obviamente, no vais a poder disfrutar demasiado del mar y en verano hay bastante gente y el acceso a algunas playas se cierra a los coches (aunque se puede acceder en autobús). Imagino, además, que el calor será importante. Nosotros aprovechamos el puente de mayo de 2014 y le sumamos un par de días más. El final de la primavera o el inicio de otoño son épocas estupendas para disfrutar de todo lo que el parque ofrece: playas de flipar (aunque era un poco pronto, nosotros pudimos bañarnos), pueblos congelados en el tiempo, tranquilidad, buena gastronomía… La Alpujarra es otro cantar: en mayo el paisaje estaba precioso, pero en invierno tiene que hacer un frío que pela: con deciros que aún quedaba nieve en las cumbres del puerto de la Ragua… En fin, todo depende de lo que busquéis.
  • ¿Cómo? Definitivamente, es un viaje para hacer en coche. Siento decirlo, pero la provincia de Almería no está demasiado bien comunicada. Si no me equivoco, tenéis dos trenes diarios desde Madrid hasta la ciudad de Almería y luego podríais moveros por la Alpujarra y Cabo de Gata en autobús. Pero me da que los horarios no son muy amplios y que, excepto en temporada alta, no hay manera de llegar a las playas si no es en coche, en barco, o, claro está, en el coche de San Fernando 😉
  • ¿Cuánto? Nosotros íbamos cuatro noches, aunque al final nos quedamos una más. Debo decir que no vimos mucho de la Alpujarra y que Cabo de Gata parece una extensión pequeña de terreno, pero hay muchas cosas para ver y una única carretera por la que no se puede correr. Dependiendo de donde vayáis, yo dedicaría, al menos, un par de noches a la Alpujarra almeriense y tres a la zona de Cabo de Gata, aunque, la verdad, en la segunda nos podríamos haber pasado dos semanas sin aburrirnos. En cuanto al espinoso asunto del dinero, la Alpujarra no es cara, pero Cabo de Gata sí, sobre todo el alojamiento en temporada media-alta. Tened en cuenta que, al ser un espacio protegido, no hay demasiados hoteles. Comer sale mejor de precio, aunque tampoco es especialmente barato.
  • ¿Quién? La Alpujarra te gustará si te gustan la montaña y los pueblos blancos. Y a nosotros Cabo de Gata nos pareció un paraíso, pero no creemos que sea un destino para todo el mundo… te tienen que gustar la tranquilidad, el silencio, los placeres sencillos (leer, playa, comer). Y los paisajes volcánicos. No es un sitio para urbanitas (olvídate de tiendas y asfalto), ni para comodones (a las mejores playas se llega andando). No busques sofisticación, gastrobares ni zarandajas: este es, probablemente, el rincón más virgen y primigenio de la costa española.

Os pongo la ruta (pincha en los mapas para ampliarlos):

Cabo de Gata 1  Cabo de Gata 2

Nosotros hicimos una noche en Laujar de Andarax y cuatro en Las Negras. Si podéis, es mejor que el alojamiento que elijáis para visitar el parque esté más o menos centrado, así os ahorraréis kilómetros y tiempo de coche 😉

  • Día 1: Tras un viaje bastante largo desde Extremadura, llegamos a La Calahorra a primera hora de la tarde y comenzamos a subir el puerto de la Regua y nuestro listón de sorpresas: no teníamos ni pajolera idea de que tuviéramos que cruzar un puerto tan brutal para llegar al pueblo de mi abuelo. La verdad, no entendemos que esta zona no sea más conocida, porque el paisaje es espectacular. La carretera del puerto es tan estrecha que en algunas curvas te recomiendan que toques el claxon o_O Cuando al fin coronamos y vemos nieve, ya flipamos. Al cabo de un rato bajando (casi una hora nos ha costado atravesar el puerto), aparecen los primeros pueblos: Laroles y Picena, ambos blancos y encaramados sobre el escarpadísimo terreno. Poco después, llegamos a Alcolea, el pueblo de mi abuelo. No es que yo sea muy moñas, pero me emociono. Casualidades de la vida, mi abuelo acabó en mi pueblo, a casi 600 km de distancia por una simple casualidad fonética: eligió destino en sus oposiciones basándose en el nombre más parecido a su lugar de origen. Entonces no sabía que estaba tan lejos ni que nunca iba a volver. O sí, quién sabe.

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    Alcolea

El sitio es preciosérrimo, pero no puedo evitar pensar cómo debía de ser la vida en un lugar tan aislado. Damos un paseo y tomamos un café, Alcolea resulta ser bonito y animado, lleno de niños que acaban de salir del colegio. Se nos ha hecho un poco tarde y decidimos irnos a Laujar de Andarax, donde nos quedamos esta noche. El hotel (abajo os cuento más) resulta estar genial y tenemos una habitación muy grande con terraza. Nos marchamos a buscar un sitio para cenar y, sobre todo, ver la semifinal de Champions Atleti-Chelsea. Hay cosas que Víctor no perdona 😉 Acabamos tomando cañas y tapas y celebrando la remontada del Atleti en un bar con los lugareños. Vamooooo!

  • Día 2: El hotel es para quedarse una semana, pero nos ponemos en marcha prontito, ya que nos queda un rato de coche hasta el Parque Natural de Cabo de Gata. A media mañana llegamos a Albaricoques, un pueblo un poco (bastante) fantasma en el que se rodó el mítico duelo de El bueno, el feo y el malo y que tiene rincones tan chulos como el de la foto que encabeza el post. De Albaricoques sale una pista que llega a un sitio 010520142729_1bien literario, el Cortijo del Fraile, donde tuvo lugar en 1928 el “crimen de Níjar”, que inspiró la obra Bodas de sangre de Federico García Lorca. El enclave es desolado y, de una extraña manera, precioso. En parte se entiende que despertara pasiones tan tremendas… aunque no se entiende tan bien el lamentable estado de conservación en el que se encuentra. Según Google Maps, de aquí sale una carretera que lleva a Rodalquilar, pero flipamos por segunda vez en dos días cuando vemos que es un camino de tierra con tales baches y pedruscos que el pobre Ibiza parece a punto de pedir la jubilación o_O Y encima no hay cobertura. Cuando al fin (y digo al fin porque nos cuesta media hora recorrer 5 km) vemos el valle de Rodalquilar con el mar al fondo y, albricias, vuelven las rayitas al móvil, tenemos que controlarnos para no besar el suelo como el papa. Estamos arriba del pueblo, con las 010520142733_1antiguas minas de oro justo a nuestros pies. Hace calor y decidimos bajar a ver el pueblo y
    tomar una cerveza fresquita. Entramos en el punto de atención turística del parque, cogemos unos mapas más enterados que Google y aprovechamos para preguntar cómo se va a algunas de las playas que queremos ver. Así, empezamos a recorrer Rodalquilar, que, todo casitas blancas y buganvilias, es mucho más bonito de lo que esperábamos. Picamos algo en un par de bares de la calle principal y nos vamos a Las 010520142735_1Negras para dejar las maletas y echarnos una siesta. Nos quedamos en el Bitácora, a la entrada del pueblo y el apartamento que nos dan es enorme y muy chulo, con vistas a Las Negras y, cómo no, al mar. Vaya desayunos nos esperan en la terraza!

Por la tarde decidimos coger el coche y llegar hasta Los Escullos y La Isleta del Moro, a apenas 15 minutos en coche. De camino, después de un repecho importante (la orografía del parque es tremenda, nosotros antes de estar allí no conseguíamos imaginarla: playas, montes, valles… todo en apenas unos km) nos damos 010520142736_1de bruces con el Mirador de la Amatista: nos quedamos ojipláticos por tercera vez en menos de 24 horas o_O La vista de la costa es increíble y deja apreciar su origen volcánico y la curiosa orografía de la que os hablaba antes. El mar, de un azul inédito, lo inunda todo. No hay fotos que le hagan justicia, pero bueno, os pongo una para que os hagáis una idea. Vamos hasta Los E010520142753_1scullos para ver sus dunas fósiles y el Castillo de San Felipe. En la misma arena de la playa hay un restaurante en el que están celebrando una boda de apenas 60 invitados. Qué gustazo debe ser casarse con esas vistas y en ese rollo. En la playa y los acantilados se ven las curiosas formas que las dunas fósiles han ido adoptando.
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Retrocedemos un poco sobre nuestros pasos para coger el desvío hacia La Isleta del Moro, el pueblo marinero más auténtico del parque y, probablemente, de toda España. Los niños juegan en la playa, las barcas (¡ay, mis barcas!) de los pescadores se amontonan al 010520142741_1lado del embarcadero, y turistas y lugareños toman café en la terraza del bar, al borde mismo del agua. Hay una mesa libre y decidimos imitarles. Va a ser verdad que las mejores cosas suelen ser las más sencillas, porque tengo grabado ese café en La Isleta, con el oscuro y limpísimo mar a nuestros pies, como el mejor momento del viaje.

Desde el bar de La Isleta
Vistas desde el bar de La Isleta
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Playas en La Isleta

040520142817No nos iríamos, pero queremos ducharnos y bajar a ver la puesta de sol a la playa de Las Negras, así que nos ponemos en camino. Las Negras resulta ser un refugio relajado y rolletero y nos encanta. El sol está cayendo rápidamente y nos acercamos hasta la playa, donde está La Bodeguiya, un cubo blanco convertido en bar molón. Pedimos unos gin-tónics y nos sentamos en la arena. Obviamente, aquí el sol no se pone en el mar, pero el 010520142755_1atardecer es igualmente precioso, con un ambientillo guay. Como sigamos así no nos vamos a querer ir de aquí (esto nos pasa cada dos por tres, ¿a vosotros no?). Cenamos más que bien en El brindi negro, tan bien, de hecho, que volvemos dos noches más a pesar de que el dueño no destaca, ni muchísimo menos, por su carácter afable 😛

  • Día 3: Después de un desayuno de reyes en nuestra terracita con vistas, empieza el turisteo, hoy tenemos un día muy ajetreado (¡qué dura es la vida del viajero!). Queremos ir a San José, echar las primeras horas de la tarde en las playas de los Genoveses y de Mónsul, y más tarde llegar hasta la Almadraba de Monteleva y ver el Arrecife de las Sirenas y el faro de Cabo de Gata. No son muchos kilómetros, pero, entre las curvas y el tráfico, la carretera no da para mucha velocidad. Llegamos a San José y pensamos caminar hasta Cala Tomate, una playita virgen, pero hace ya un calor tremendo y no llevamos ni agua, así que abortamos la operación y nos vamos a la playa de San José, más accesible. Pasamos la mañana vuelta y vuelta y dando un paseo por el pueblo, que resulta ser el que menos nos gusta de todos, así que, para superar el disgusto, recurrimos a un viejo truco: comer. Nos encontramos con El otro parque, un restaurante que hemos visto recomendado en Tripadvisor y decidimos quedarnos. Gran decisión: comemos de miedo (abajo os cuento más). Cogemos el coche de nuevo y seguimos las indicaciones hasta la Ensenada de los Genoveses (todos los caminos que llevan a las playas son de tierra, la mayoría están en buen estado, pero cuidado con el coche). VAYA PEDAZO DE PLAYA. Enorme y limpísima. El agua está, digamos, fresquita, pero me puede la emoción (y el calor) y me doy el primer baño de la temporada.
Media Ensenada de los Genoveses (sacarla entera es complicado...)
Media Ensenada de los Genoveses (sacarla entera es complicado…)

Disfrutamos un ratito y nos vamos hasta la Playa de Mónsul, a apenas diez minutos en coche. Es casi más bonita que la anterior, con una enorme duna fósil en el medio que se adentra en el mar. También es más recogida y el agua eindiana jones en monsulstá más calentita, así que aquí Víctor (el tío listo…) se decide a remojarse. Seguro que si la veis os suena, porque aquí se rodó una escena de Indiana Jones y la última cruzada (bueno, y también un videoclip de David Bisbal…).

La tarde pasa rápido y decidimos irnos hasta el faro de Cabo de Gata y el Arrecife de las Sirenas. Poco antes de llegar, mientras recorremos la carretera que bordea las larguísimas playas de las Salinas, la Almadraba y la 020520142779_1Fabriquilla, nos encontramos la fotogénica iglesia de la Almadraba de Monteleva y pequeños grupos de casas de pescadores: simples cubos blancos con una puerta y un par de ventanas que, aunque parezca imposible, siguen habitados. También vemos unas casas de madera que reconoceréis fácilmente si habéis visto la peli Vivir es fácil con los ojos cerrados 😉 El último tramo antes del faro es tan estrecho que, cuando te 020520142780_1encuentras coches de frente, hay que maniobrar, pero merece la pena llegar hasta allí aunque sólo sea para ver el Arrecife de las Sirenas. Dicen que el nombre se debe a las focas monje que habitaban este arrecife y que los antiguos navegantes confundían con sirenas. A pesar de los turistas, la soledad que desprende este lugar espeluzna un poquitín.

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  • Día 4: Hoy tenemos pensado conocer la parte más oriental del parque: las calas del Plomo y de Enmedio, el pueblito de Agua Amarga, y la Playa de los Muertos. La cala de Enmedio, una de las más espectaculares del parque, es sólo accesible a pie a través de un sendero que parte de la cala del Plomo. Es un agradable paseo de media horita, pero aseguraos de llevar gorra y agua, porque no hay ni una sombra. Hasta la cala del Plomo, que también tiene su punto, se puede llegar en coche por un camino de tierra que parte de la carretera que va de Fernán Pérez a Agua Amarga.
    cala enmedio
    No te vayas sin tu foto al borde de las rocas

    Lo más curioso de la cala de Enmedio son sus acantilados blancos (antiguos arrecifes de coral) que contrastan vivamente con el azul del mar. Al llegar a la cala, subimos por las piedras de la derecha para ver las pocitas que se forman sobre los acantilados y el punto en el que todos nos hacemos la foto: el de la foto de la derecha.

Hace un poco de fresco para bañarse, pero pasamos un rato curioseando por los acantilados antes de volver a la cala del Plomo y coger el coche para dirigirnos a Agua Amarga. No Agua Amargaesperábamos demasiado de este pueblo, pero nos gusta un montón. La frontera entre la playa y las calles es la propia arena que invade estas últimas cuando te acercas al mar. Agua Amarga tiene un turismo más familiar, casitas blancas con puertas y ventanas azules y una plaza mayor muy animada. Allí mismo, en el bar La Plaza, picamos unas tapas y tomamos un café antes de poner rumbo al último destino del día: la Playa de los Muertos. Llegamos al aparcamiento y cuando vemos la bajada a la playa, tenemos el cuarto momento ojiplático del viaje: bajar aún, pero madrededios lo que nos va a costar subir… o_O A nosotros nos parece que el camino es para ir con cuidado pero allí playa de los muertosque va la gente con sus neveras, sus niños colgando y sus chancletas. Quediosnosasista.

La playa es una maravilla, larga y calma,
con unos colores como de otro mundo. Eso sí, no hay arena, sino pequeños cantos rodados, y (para gustos los colores, claro) nos resulta menos gustosa para echarnos un rato. Cuando empieza a caer la tarde, volvemos a Las Negras, esta tendría que haber sido nuestra última noche, pero hemos decidido quedarnos una más. A fin de cuentas, como decía Bob Dylan: ¿qué hay en casa?

  • Día 5: Como es nuestro último día y, además, es un extra, decidimos tomárnoslo relajado y no coger tanto el coche. Hace buenísimo y nos apetece playa, ya que ayer no pudimos disfrutarla mucho, así que nos acercamos al Playazo de Rodalquilar, a menos de diez minutos de nuestro alojamiento. Justo la que tenemos al lado y es la que más nos gusta para playear: arena finita, agua transparente, poca gente… y el castillo de San Ramón para hacerla más bonita aún. Estamos en la gloria y hasta nos damos un chapuzón.

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Volvemos a Las Negras para comer una paella en el Manteca que, con la piel salada y el mar a diez pasos, nos sabe a gloria. Y como es nuestro día de relajo, nos echamos una buena siesta antes de bajar a disfrutar de Las Negras para nosotros solos. Es domingo por la tarde, ha acabado el puente y todos los turistas se han ido. Paseamos por el pueblo casi vacío, empapuzándonos de mar por si tardamos en volver a verlo, tramando ya la próxima visita.

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Dónde dormir:

  • Laujar de Andarax: Hotel Villa de Laujar de Andarax, muy recomendable. Es una villa turística que depende de la Junta de Andalucía y tiene precios muy razonables: nosotros pagamos 45€ por una doble con desayuno. 300420142721_1Tiene un edificio principal, donde están la recepción, los salones, la cafetería y el restaurante; y varias “villas” repartidas por el terreno del hotel, que son las habitaciones. Están bien decoradas y tienen una terraza grande. Además, cuenta con piscina, pista de tenis, zona de juegos, huerto, establos… vamos, ideal si vais con niños.
  • Las Negras: Bitácora, muy recomendable. El precio varía según temporada y día de la 040520142814_1semana. Son apartamentos con servicios de hotel: limpieza diaria, cafetería, restaurante, posibilidad de desayuno… Los apartamentos son grandes y muy chulos, y tienen una terraza con vistas. La cocina está perfectamente equipada, con todo el menaje que podáis necesitar. Y, como veis en la foto, tiene una piscina bien hermosa.

Donde comer (y beber!):

  • Laujar de Andarax: La barandilla, en la calle principal. Cañas y tapas ricas.
  • Rodalquilar: El Cinto, calle Santa Bárbara. Buenas tapas de pescado.
  • Las Negras: El brindi negro, calle Cerro del Aire. A nosotros nos encantó, fuimos hasta tres noches a cenar. Tapas y raciones muy buenas, genial de precio. Tiene una decoración bastante curiosona 😉 El Manteca, en el paseo marítimo. Buena paella mixta (y os lo dice una valenciana), pero es imprescindible encargarla. La Bodeguiya, en la playa. Perfecto para cervezas y copas.
  • La Isleta del Moro: Hostal Restaurante La Isleta del Moro, prácticamente en el agua, no tiene pérdida. No sé cómo será la comida, pero tomar algo en la terraza no tiene precio.
  • San José: El otro parque, calle del Puerto. 020520142760Cocina italiana que aprovecha la excelente materia prima de la zona. La pasta casera con marisco y bogavante es simplemente antológica. Aún salivamos cuando vemos la foto. (Acabo de leer que se traspasa, ¡espero que no sea verdad!)
  • Agua Amarga: Bar La Plaza, como su mismo nombre indica, en la plaza del pueblo. Las tapas y raciones no están mal.

¿Os animáis a conocer Cabo de Gata? ¿Habéis estado ya? Esperamos vuestros comentarios!

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